Biblioteca y ruralidad: nuevo espacio de conexión

 

 

Sentado en una mesa de un lugar maravilloso para él y ojalá para todos, la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez,  está Ramón Salaberría, conversando sobre bibliotecas, educación y amor por la lectura. Ramón es bibliotecario de la Escuela Nacional Superior de los Bibliotecarios de Francia y doctor en Ciencias de la Educación de la Universidad del País Vasco. Actualmente, ejerce como subdirector de la Biblioteca de Vasconcelos en Ciudad de México; estuvo participando como ponente en el Seminario de Lectura y ruralidad de Fundalectura el pasado 14 y 15 de noviembre.

Para Ramón, las bibliotecas públicas son el gran impulso que la educación necesita, de hecho, la función más importante de la biblioteca pública es la educación, pero la apuesta se concentra en romper los parámetros estáticos y tradicionales con los que se desarrollan los procesos educativos, lo que implica darle a las bibliotecas un papel fundamental en la vida y en la cotidianidad de las personas que ya no están necesariamente en el ámbito escolar, porque son personas con necesidades educativas evidentes y bastante amplias, que pueden encontrar en la biblioteca pública el mejor espacio para cubrir sus necesidades y desarrollar procesos autodidactas que impulsen la expansión de sus necesidades y conocimientos.

Es por esto que para Ramón, el cambio debe ser inminente, hay que pasar del hecho de que la Biblioteca sea un espacio que no se moleste en dirigirse a otros sectores de la población, que no sean necesariamente los sectores con niveles educativos amplios, a convertir a la biblioteca pública en un lugar realmente accesible, teniendo en cuenta que, por ejemplo en Latinoamérica, los sectores universitarios son mayoritarios: “mi deseo sería que las bibliotecas todavía trabajaran más en la relación con los públicos potenciales que por diversas razones todavía no se atreven a cruzar el umbral de la biblioteca pública”.

Poco a poco se ha ido instaurando otra concepción de la biblioteca pública en el imaginario colectivo de Latinoamérica. Con los esfuerzos recientes de los bibliotecarios y promotores, la brecha en el terreno de la biblioteca pública se ha ido abriendo, aunque es importante no correr el riesgo de quedarse en el conformismo, siempre hay que aspirar a llegar a más públicos.

En cuanto a la inclusión de la ruralidad en las bibliotecas públicas, uno de los temas del seminario, Ramón considera que primero es importante tener contexto, entender ante todo qué es una biblioteca, cómo ha funcionado a lo largo del tiempo, pero también hay que permitir que ingresen algunas otras ideas y conceptos que muchas veces no enseñan en las grandes academias, como por ejemplo el reconocimiento de saberes: “en las bibliotecas las personas pueden realizar muchas actividades, pero sobre todo, ellos, los que visitan las bibliotecas por la razón que sea, son recipientes o portadores de saberes, tienen experiencias vitales, memorias, registros únicos, conocimientos de su medio, de su territorios”, afirma Ramón.  

En conclusión, la biblioteca pública no se debe limitar a ser únicamente un territorio del texto, es también un territorio de oralidad, de cultura y de creencia; un lugar de hospitalidad para todos aquellos que estén interesados en ella.