“La perra": un retrato de la maternidad desde el Pacífico

 

*Esta entrevista contiene spoilers*

La escritora caleña Pilar Quintana recibió el IV Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana por su más reciente novela ‘La perra’. Hablamos con ella sobre cómo fue vivir nueve años en la selva, la creación de sus personajes, la maternidad y la muerte.

¿Por qué el Pacífico colombiano es el escenario escogido para la novela?

Yo viví nueve años allá y quería contar una historia de esta región, quería retratar el Pacífico. En un principio, antes de dar todos los giros, yo creía que era una novela negra; la selva era el escenario ideal para cometer el crimen perfecto. Allá un cuerpo se demora muy poco en descomponerse, así que quería narrar una novela donde el cuerpo pudiera desparecer en una semana y no quedara nada. Al final no terminé contando eso, pero fue el germen de la historia y por esta razón era necesario que ocurriera en un lugar como la selva.

Usted vivió muchos años en esta región, ¿cree que escribir “La perra” sirvió como catarsis de la experiencia de sobrevivir en un lugar totalmente desconocido para muchos, donde el abandono estatal, la violencia y la tristeza son pan de cada día?

Totalmente, yo no sólo quería retratar el Pacifico para mostrárselo a la gente, sino que también tenía nostalgia de mi vida allá. Escribí el libro para sentirme en ese lugar, quería que el lector disfrutara de la experiencia y cantarle a ese Pacifico en el que ya no vivía.  Fue una experiencia dura pero hermosa.

Por más de 9 años estuve pensando en esta historia y la idea surgió porque recién llegada al Pacifico vi a una perra que murió en mi lote; luego tuve un hijo y fue ahí cuando hice clic y dije que esta historia no iba a ser una novela negra, sino una historia sobre la maternidad.

¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Al principio usted creía que sería un cuento, ¿cómo se convirtió en novela?

Yo creía que era un cuento hasta que lo terminé, un día me dije: “Esto no es un cuento, es una novela corta”. Mi sobrina de 10 años me realizó una serie de preguntas que me llevaron a pensar que esta historia estaba lista para ser contada, no tenía fisuras; yo había creado un universo narrativo y unos eventos que tenían lógica y coherencia, entonces me di cuenta que la historia estaba lista para ser escrita.

La novela muestra el lado amable de la maternidad frustrada de Damaris, pero también su lado crudo.

Nosotros estamos acostumbrados a hablar de la maternidad en términos de algo hermoso, tierno y maravilloso. La maternidad también es dolor y lágrimas, hay momentos en que uno no está sintiendo ternura por el hijo, siempre se ama, pero también uno puede llegar a tener sentimientos negativos por esa criatura.

Este libro muestra esa relación de madre e hijo, en este caso con una perra, donde no todo es idílico ni maravilloso.  Una pregunta que yo quería responder en la novela era: ¿el amor de las madres es un amor incondicional? Aquí se responde que definitivamente no, que el amor de Damaris es condicional.

¿Cómo Damaris pasa de un instinto maternal al asesino? ¿Qué lo detona?

El gran reto de la novela era que una persona buena cometía un acto terrible, eso era lo que yo de verdad quería narrar y mostrar, que la gente buena comete actos atroces. Por esta razón tuve que crearle a Damaris un punto oscuro en su pasado, ella creció sintiéndose culpable de la muerte de Nicolasito y eso determina en adelante su vida. 

Yo creo que Damaris es buena persona porque se siente obligada a probarle al mundo, al pueblo y a la familia Reyes que ella no es mala.

Yo me modelé mucho en Raskolnikov, el personaje de Crimen de Castigo, quien estaba en un momento crítico a punto de matar. Al final quise emular un poco a ese Raskolnikov que empieza a ser perseguido por todas sus culpas.

 ¿Cuál es la intención, en la estructura de la novela, al aumentar progresivamente el tono y la tensión entre Damaris y la perra?

Al iniciar esta novela yo tenía el final: una mujer que va a matar una perra que amaba como si fuera su hija. La historia no tenía mucha tensión ya que no podía vender la idea al lector de que esta señora mata a la perra, entonces yo quería mostrar una persona buena, que tiene ternura por los animales. Por este motivo tuve que inventarme a Rogelio, para que existiera una tensión, ya sabía que era falsa, y me daba miedo que en algún momento el lector se diera cuenta de que quien iba a matar la perra era Damaris y no Rogelio. Ese hilo conductor fue el que me permitió al final darle la vuelta al personaje, pero era necesario tener esa tensión narrativa para mantener el lector convencido de la historia.

Su hija, que era la perra, sacó  lo peor de ella, y lo peor de ella era tremendo. Además Chirli la hirió donde era más débil: en Nicolasito. La perra desbarató esa fachada de persona buena que ella había construido.