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La lectura genera unos vínculos que se vuelven inquebrantables: Isaías Romero

Isaías Romero Pacheco, escritor cucuteño, revive en su novela ‘El abuelo rojo’, el 9 de abril de 1948, uno de los momentos más simbólicos del país. En esta historia mezcla la ficción y lleva al lector a recordar la violencia bipartidista, la inmigración a la costa colombiana y la lucha de un pueblo por cambiar su país.

‘El abuelo rojo’ de Ediciones SM, fue galardonado con el IX Premio Barco de Vapor – Biblioteca Luis Ángel Arango, que es entregado anualmente y que tiene como objetivo premiar la creación innovadora de literatura que acerque a los niños y a los jóvenes a la lectura.



Su padre fue periodista y un gran contador de historias, ¿esto lo motivo a usted también a serlo?

La verdad es que escribo por él y leo por él. Conté con la fortuna de tener una gran biblioteca en mi casa y por supuesto una gran influencia por parte de mi padre para que leyera. Fue algo muy natural que no requirió mayores presiones y que en cambio ha transformado mi vida completamente. Soy un tipo al que la lectura le ha atravesado lo más profundo del alma y gracias a la influencia de mi padre leer cambió mi vida de una manera impresionante.

 

 ¿De qué trata la historia del Abuelo rojo?

 El Abuelo Rojo es la historia de Brahim, un migrante libanés, tipógrafo de oficio, que vive con su hija Merina, su nuero Fermin, Tomasa una fiel guardiana de su vida y Mariana, su nieta con quien establece un vínculo de amor, de lecturas y de realidades a veces duras. Ellos viven en un pueblo de la costa atlántica colombiana cuando estalla el 9 de abril de 1948 y Brahim, un liberal gaitanista, ve con horror estos sucesos así como los acontecimientos previos a uno de los momentos más duros de la historia del país. Esta es un relato de amor, de vínculos, de conexión y sobre todo de esperanza.


¿Cómo nace la historia de Brahim y Mariana?

Bueno la historia fue inicialmente un cuento de una niña que sufría mucho porque imaginaba que cada vez que se le caía un diente ocurría una tragedia en su casa y cargaba con el peso de su imaginación. El día que se le cae el último diente matan a Gaitán, de quien su abuelo es un fervoroso seguidor, y ella siente ese suceso como su culpa.

Esto obviamente era una carga emocional muy pesada para esta pobre niña y con el tiempo, sumándose a las ganas que siempre conservé de escribir sobre Gaitán, desde otra perspectiva, a partir de los relatos y vivencias de mi madre, de las historias estuchadas por ella, de mi bisabuelo, que murió de más de 100 años en Sabanalarga (Atlántico) y recuerdos de mi infancia en ese pueblo, nació la historia casi tan exacta como la que está plasmada en el relato y que se presentó al concurso. 

 

¿Qué lo motivó a escribir esta historia?

Siempre quise escribir algo sobre Gaitán. Muy joven trabajaba de mensajero en Bogotá y en los momentos en que podía y me cansaba de hacer filas en bancos, me iba para el Museo Gaitán en el Barrio Santa Teresita. Me impresionaba mucho que quien hacía los recorridos por el museo era el vigilante, un abuelo querido que hablaba con los dientes entrejuntos y señalaba a los conservadores como los responsables del asesinato. Me impresionaba también que la historia y los datos que éste señor arrojaba no coincidían con la historia "oficial” que enseñaban en los colegios, y que valga decir, que ya ni siquiera hace parte de los contenidos de ciencias sociales. Creo también que es imposible pensar en un futuro o en la construcción de una ciudadanía en paz si no se hace un stop y se mira hacia el pasado. Es increíble incluso que critiquemos el presente sin entender que ha ocurrido. La maestra Margarita Garrido me enseñó que eso es algo que Koselleck llamó los futuros pasados. Siento que esta es una historia que puede conectar, establecer un diálogo con el tiempo, así como Brahim lo hace con Mariana su nieta. Es necesario que nuestros niños y jóvenes le hagan preguntas a su pasado para tratar de entender qué ocurre y cómo puede funcionar el presente o el futuro.

 

¿Cómo fue escribir su primera novela infantil y que fuera nominada al Premio Barco de Vapor?

Bueno, lo del Barco de Vapor ha sido increíble. Es un premio muy prestigioso y los autores y libros que están allí como ganadores representan una verdadera joya en la literatura infantil y juvenil, los respeto mucho.

Yo venía escribiendo para adultos y siempre quise participar en el concurso, conozco casi toda la colección y la apuesta arriesgada y maravillosa que hace Barco de Vapor y la editorial SM por ofrecer un material de lectura muy bello. Conozco la colección porque trabajé en el Gimnasio El Bosque, en la ciudad de Cúcuta, y allí monté el plan lector por varios años, desde Transición hasta Once.  Tengo muy vivido el efecto de estos libros en la vida de los estudiantes y sus familias, de los docentes y su trabajo. Así que cuando se dio la oportunidad y tenía la historia lista decidí enviarla. Casi no llega, la empresa de correos la dejó en un edificio equivocado y faltaba muy poco para el cierre del concurso. Le agradezco a una amable señora que me llamó preocupada porque ese paquete no era para ella.

No escribí una novela infantil realmente, conté una historia pensando no sólo en niños y jóvenes. Creo que ese es un truco de las editoriales para organizar su mercado pero realmente los libros no tienen edades. Al conocer el resultado del concurso no podía creerlo y es realmente un tope muy alto para lo próximo que quiera escribir. Aprendí mucho con mis editoras María Fernanda Paz Castillo y María Cristina Rincón y espero seguir escribiendo para todas las edades.   


¿La imagen del abuelo contador de historias está relacionada con el proyecto Lectopaternidad?

Brahim es un personaje que tiene algunas claridades: cree ciegamente que la familia es lo más importante y está seguro de que la lectura ayuda a superar las dificultades y las adversidades de la vida misma. Ama a su familia, la protege y hace que su hija aprenda a leer como una de las primeras necesidades, pues sabe que tendrá dificultades para ingresar a estudiar, como era común en esos años.

Creo que es importante, como Brahim propuso en su vida, que la familia y los padres se conecten con sus hijos a través de la lectura. La lectura genera unos vínculos que se vuelven inquebrantables. El ejercicio de una paternidad desde la lectura es mi propuesta: motivar a que la lectura sea ese regalo generacional que los padres dan a sus hijos.

 

Cuéntenos, ¿cómo trabaja con los padres de familia para motivar la lectura en los hogares?

Hay que partir de un principio y es que la lectura es importante, sin ese convencimiento no hay mucho que hacer, así que lo primero es eso, convencerse de que la lectura es importante para la vida. Lo segundo es que si al padre de familia no le gusta leer, puede motivar a que sus hijos se acerquen a los libros desde pequeñas acciones; lo ideal sería motivarlos desde el ejemplo, pero si no es así aún hay esperanza. Lo tercero es vincular la lectura a acciones familiares o a la cotidianidad. Siempre refiero que los padres de los compañeritos de mi hijo deben odiarme porque regalo libros en cuanta piñata es invitado. Lo hago porque Gabriel es quien elige los libros para sus amigos, los lee e incluso se los comenta antes de que lo destapen, o les pregunta si ya los leyeron.

En Lectopaternidad y en otras charlas que surgen de ese ejercicio, queremos convencer a los padres de familia de lo importante que es y será para la vida de sus hijos la lectura.

 

Usted realiza promoción de lectura en el Norte de Santander, Cúcuta, ¿cuéntenos cuál es  la importancia de la promoción de lectura en el país  desde su papel de escritor y como ciudadano colombiano?

 En Norte de Santander y en donde me inviten. Para mi lograr que otras personas lean es vital para el desarrollo de nuestro país y me gusta hacer cosas que ayuden a que eso pase. No es una coincidencia que los países que tienen mejores índices de lectura son menos violentos, no es un evento del azar que los niños a quienes sus padres les leen desde pequeños tienen un mejor aprestamiento escolar; hay miles de estudios y pruebas en el mundo que reafirman eso. Es difícil ver como tantos esfuerzos en el país se quedan cortos porque le dan prioridades a otras cosas. Es decir, yo quisiera ver cómo mejora una carretera las relaciones entre padres e hijos, tal vez acercándolos, pero me refiero a que debe haber suficiente dinero para todo. Lo correcto en un gobierno es que sean buenas las carreteras, buenos los programas de salud, que la educación sea de calidad y por supuesto la lectura y los libros estén al alcance de todos. Cada vez que estos programas desde el Estado se retrasan o se recortan, se hace más difícil la labor mía y la de instituciones como Fundalectura. Es triste ver eso pero hay que insistir.

 

¿Cuál es la importancia de leer en familia?

Los vínculos y las conexiones. En algún momento de nuestra historia, la tradición oral, las narraciones de padres y abuelos nos conectaron al pasado, a la vida, a la forma en que se resolvían las cosas, a las maneras en las que el mundo se transformaba y a la asimilación de ello.

Es quizás el peor momento del mundo para ser niño o adolescente, están tan expuestos a todo que la lectura es esa salvaguarda que da criterio, tolerancia y diversidad. Esto más que un discurso romántico, es una verdadera oportunidad. Al leer en familia mostramos escenarios donde podemos sanar, proponer, analizar y explorar.